You´ll Never Walk Alone…Cuando la pasión ciega.

El 15 de Abril de 1989, 96 aficionados al Liverpool F.C., murieron aplastados contra las vallas y paredes del estadio de la ciudad de Sheffield, en Inglaterra durante el transcurso de un partido entre el Liverpool y el Nottingham Forrest por la semifinal de la F.A Cup. El evento es conocido como “La tragedia de Hillsborough”, y es considerado una de las tragedias más grandes no sólo en el deporte inglés, sino en toda la historia del deporte mundial. Las imágenes dramáticas de la tragedia dimensionan de manera perfecta lo acontecido. La BBC transmitía el juego en vivo para toda la isla, el cual fue detenido alrededor del minuto ocho de juego cuando el partido se disputaba en la media cancha; el arbitro suspendió toda actividad y las cámaras inmediatamente giraron hacia la cabecera sur del estadio para vislumbrar en toda su extensión trágica y dramática como una gigantesca masa de personas pretendía caber en un pequeño espacio de gradas.

Aficionados al Liverpool saltando de un piso a otro del estadio y siendo atrapados por las mantas de los aficionados que estaban abajo, otros que intentaban escalar hacia cualquier parte más segura del estadio, niños que eran cargados y pasados por arriba de las cabezas de todos para que pudiesen salir a salvos del tumulto, las vayas de seguridad que se vencían y con ello hacían desplomar de un golpe a cientos y cientos de personas, policías sacando gente del tumulto ensangrentada, asfixiada, muerta; ambulancias circundando al terreno de juego, la policía montada inspeccionando todo acontecer desde el círculo central del medio campo, y paramédicos atendiendo heridos en el área chica sur teniendo a la portería como privilegiado testigo de una tragedia con tintes inolvidables.

Esa noche, la BBC abarrotó sus noticieros con información detallada pero contradictoria sobre el hecho, habilitaron líneas de ayuda que contactaban directamente con la cruz roja, y sobre todas las cosas; las caras largas y desencajadas de los reporteros y conductores de los noticieros que no hacían más que alargar el luto irremediable y acentuar esta idea de la facilidad con la cual el ser humano pierde su vida, cada vez de formas más bizarras. Esta fragilidad que tenemos que nos hace convertir una afición, un momento de goce, un espectáculo, en una tragedia que marque familias y vidas para toda la vida.

Un par de años después, en 1992 se abrió una investigación profunda para determinar de una vez por todas que es lo que había ocasionado el desastre de Sheffield. La tragedia fue producto de la pésima organización por parte de la Federación; un sobrecupo desmesurado producto de la reventa, corrupción en la venta del boletaje, insuficientes medidas de seguridad, el diseño del estadio, (las vayas metálicas como obstáculo importante para que los aficionados salieran del aplastamiento masivo), y la ineficacia de los policías que no estaban lo suficiente preparados para atender una contingencia de semejante tamaño. El gobierno de la entonces primer ministro: Margaret Tatcher, dictó entonces el famoso informe Taylor, que revolucionaría la desgastada y vieja infraestructura deportiva inglesa y que sobre todo, dictaría medidas certeras y directas para erradicar de una vez por todas la violencia de los estadios de fútbol ingleses (el conocido fenómeno del hooliganismo), esto a pesar de que este fenómeno no fue el principal culpable de la tragedia. Había que limpiar de una vez por todas la fama del deporte y la reputación de Inglaterra como un país civilizado, primermundista, y capaz de erradicar cualquier problema en aras de garantizar el bienestar social. La imagen de la sociedad inglesa y de su pasión desenfrenada por el fútbol había sido ya increíblemente deteriorada desde la década de los 70, y ahora más con las tragedias de Heysel en la final de la Copa Europa de 1985, y con la ya comentada tragedia de Hilsborough.

El fenómeno de la violencia en los estadios va más allá de una simple bronca entre borrachos, o de un aglutinamiento accidental que cause la muerte involuntaria de cientos de vidas. En la mayoría de los casos es el reflejo más fiel de una realidad y de un contexto social de un determinado grupo de una determinada región, que poseen cierta ideología, que defienden ciertas tradiciones y que tiene que ver con una identidad que influye fuertemente en el aspecto psicológico de la persona y del grupo al cual pertenece. En ocasiones es el reflejo perfecto de una sociedad rota o que reclama abiertamente algo en contra de alguien y que evidencia cismas y fallas grave dentro del sistema social de determinado país. Entendiendo al fútbol como un deporte de alcances masivos y que para el estudio de su influencia en la sociedad es pertinente analizar el comportamiento de las masas, la psicología social, y la influencia de los medios de comunicación; el fenómeno es mucho más complejo, tiene cualquier cantidad de vertientes y eso lo convierte en un tema fascinante y de importancia social.

Los Orígenes:
El deporte es un mundo en donde no sólo hay dos equipos que se enfrentan el uno al otro en un terreno de juego buscando vencer al otro. Es un espectáculo, una diversión colectiva, masiva y hasta hace varios años: sana y limpia. El fútbol es el deporte con más aceptación en el mundo, junto al cricket. “El fútbol es popular no sólo porque es bueno (y fácil) jugarlo, sino porque es bueno pensarse a partir de él” (Oliven y Damo, 2001:11). Esta fama mundial se debe a su facilidad para jugarlo, con tan sólo una pelota y una portería improvisada con un par de piedras o palos, uno puede armar un partido de proporciones épicas en cualquier lado del mundo. Es un deporte que tiene un poder sobre las masas que cualquier líder político envidiaría, debido a esta universalidad que posee en su naturaleza sencilla y humilde. Pero los tiempos han cambiado y si bien el fútbol aún posee esta sencillez y este romanticismo con el cual nació engendrado de los ratos libres de un grupo de universitarios y académicos ingleses aficionados al rugby que mezclaron su deporte con el fútbol gaélico y añadieron propias innovaciones; el fútbol ya no posee la humildad con la que nació. Las fortunas gastadas por los grandes clubes sólo en la compra de jugadores, el capitalismo recalcitrante con el cual más del 70% de los clubes de manejan alrededor del mundo, los excesos que este tipo de ingresos permite en los clubes y en los jugadores y así como una alarmante pérdida del amor por el juego (del jugar por jugar) convirtiéndose a una idea capitalista de jugar por dinero, cuando antes se jugaba por la comunidad, por representar una “identidad”, por dignidad y ambición de triunfar.

El fútbol hacia sus principios, no tardó en popularizarse entre las clases trabajadoras inglesas, a pesar de haber sido por la clase media-alta inglesa. Es en América Latina en donde mejor se vislumbra esta eterna desigualdad social tan marcada y el fútbol pronto se convirtió en espejo de estas desigualdades a la par en la que las clases medias-bajas y bajas adoptaron al fútbol como “su” deporte, debido a su sencillez para comprenderlo, jugarlo, y a la facilidad para entrar al estadio y apoyar a un equipo favorito. A raíz de esto “la élite se sintió presionada y emigró para otros deportes o pasó de la práctica a la administración del fútbol, donde permanece hasta hoy” (Oliven y Damo, 2001: 10). La gente adinerada se hizo cargo de los equipos, se volvió dueña de los clubes y de esta manera se polarizó aún más el manejo del fútbol; diversión y espectáculo para la masa y un negocio altamente rentable para la élite.

Klaus Littmann habla del estadio como “un lugar de arte” pues en palabras del mismo Littmann “El fútbol tiene un alma, y las almas son siempre frágiles. Por un tiempo se puede pisotearlas, cortarlas en pedazos, golpearlas y hasta negar su existencia. Pero una vez que se pierden, es muy difícil volverlas a encontrar. Después sólo viven en los recuerdos. No quiero ni imaginarme qué harían los millones de aficionados de este juego, si el fútbol ya no tuviese alma”. Un juego que en principio fue confeccionado en un momento de diversión en la Inglaterra de mediadios del Siglo XIX sin ninguna aspiración de que alcanzara niveles de aceptación masivas al ser un deporte creado por una clase estudiante y pudiente inglesa, hoy está paradójicamente sometido a las masas, a la afición que semana a semana llena los millones de estadios en el mundo. El público es ahora una parte inseparable del juego, desempeña un papel mucho más activo y poderoso del que representa en deportes como el béisbol o el fútbol americano en donde el espectador sólo disfruta del partido y ocasionalmente lo apoya. En el fútbol todo este ritual es mucho más intenso, y pasa de ser una simple afición, a ser una auténtica pasión.

Entendiendo al fútbol ahora como una “cultura de masas”, se le asocia con la violencia, la discriminación, el racismo. Esto al ser una recreación pequeña, a forma de maqueta, de la sociedad en su generalidad. Si determinada sociedad tiene un problema, este problema se verá reflejado en menor intensidad, pero reflejado al fin y al cabo en los aficionados que acudan al estadio. Este potencial masivo que posee el fútbol permite que las sociedades tengan un mayor motivo para expresarse abiertamente teniendo como pretexto un partido de fútbol, cosa que no sucede en otros deportes.

La identificación:

Todo esto surge a partir de una identificación, como punto medular para entender el comportamiento de las masas ante el fútbol. Dice Levi Strauss que “la identidad abstracto, sin existencia real, pero indispensable como punto de referencia (Levi Strauss en Oliven, 2001: 18). Este punto de referencia al que se refiere Levi Strauss es el autoconocimiento, la autoaceptación de una persona, y la formación de un criterio y de una personalidad en base a sus semejantes. La formación de una identidad siempre estará condicionada al reaccionar del resto de la sociedad. Una persona es como es para ser aceptado o en algunos casos inaceptado, en un grupo social específico. Dice Oliven que “exigir el reconocimiento de una identidad propia significa expresar una diferencia. Un grupo se afirma en oposición a contraste a otros grupos”. Cuando muchas personas encuentran un punto de inflexión en el cual sus identidades convergen, se forman estos grupos sociales que poco a poco comienzan a crecer en cuanto sean capaces de expresar sus pensamientos a un público, y en cuanto el contexto en el que viven esté igual de enrarecido que permita la creación de identidades como de ellos.

Aseguran Oliven y Damo que la forma de explicar el porqué el fútbol moviliza sentimientos profundos “al punto de que a veces los hinchas apelen a la violencia, se debe al hecho de que los equipos en juego son mucho más que once jugadores, y representan sentimientos colectivos de aquellos que los apoyan”. (Oliven y Damo, 2001: 20). Es decir que cierto grupo de personas, con determinada forma de pensar y determinados sentimientos (todo dependiendo de la situación social que vivan) verán representado todo ese conjunto de ideas y emociones en un grupo de jugadores, a los cuales apoyarán por ser portavoces de su identidad. Es aquí donde empieza este juego de identidad-identificación; en esta búsqueda encarnizada del individuo y a su vez del grupo al que pertenece por una identidad, encuentra en un grupo de jugadores alguien que cumpla con sus estatutos, y por lo tanto se siente íntimamente identificado. El equipo representa lo que ellos son, o lo que anhelan ser. Se convierten en ídolos totémicos, en un ejemplo a seguir. Es por esto que el fútbol se convierte en una parte inherente de una sociedad cualquiera que sea y a su vez ayuda a la segmentación de ésta, y la integración de aquellos grupos marginados y apartados del sistema por diversas razones, como dice Fernando Carrión en su texto “Fútbol y sociedad” “se cumplen la función de integración/exclusión social dentro y fuera del deporte, sea formando redes sociales o capital social, así como identificándose a través de los imaginarios que construyen. Por eso el fútbol es una sociedad donde se reproduce la sociedad. (Carrión, 2006: 23).

Existe esta identificación del individuo, ahora llamado “aficionado” desde su ámbito local, y desde un ámbito mundial. Cómo lo explican Oliven y Damo “a nivel local, hay clubes que son de una escuela, o de un barrio, o de una ciudad. Existen ciudades, estados o regiones donde hay dos o más clubes los cuales se divide la lealtad de los hinchas” (Oliven y Damo, 2001: 20). Esto es la existencia de una rivalidad local, que tiene su origen en las calles de las ciudades, en la distinción dentro los barrios y en el origen socioeconómico dentro de una región reducida. En algunos países como en Argentina, Inglaterra, o incluso México, el origen de esta rivalidad está en las riñas de barrio, en la diferenciación de una ideología subcultural y “underground”, y en algunos casos el pandillerismo que se ve reflejado en las luchas ocacionales por el “control del barrio”. Todo esto ubicado dentro de una clase baja y media-baja de estas sociedad, quienes en el caso de Latinoamérica representan más de la mitad del total de la sociedad del país.

Ejemplos de estas rivalidades locales entre pequeños grupos que deciden apoyar a un equipo con el que se han identificado para combatir simbólicamente al enemigo, los hay a reventar por todo el continente americano y también en el europeo. En Argentina encontramos la típica rivalidad entre barrios y su constante lucha por el control de las calles en el clásico de Avellaneda entre Racing e Independiente, el verdadero clásico del fútbol argentino. En Chile la rivalidad entre el masa popular y el desgastado nacionalismo social chileno contra la clase pensante, crítica, intelectual y fresca de la comunidad universitaria: el clásico entre Colo-Colo y la Universidad de Chile. En México esto se ve reflejado en la rivalidad entre el nacionalismo mexicano post-revolucionario, el espíritu fresco de la provincia y el campo, y la “mexicaneidad” contra el neoliberalismo, el capitalismo, la urbanización, el progreso, la modernización plasmada en el crecimiento de las ciudades: la rivalidad entre el Guadalajara y el América. En Alemania los trabajadores de fabricas, la clase obrera de Gelserkichen, contra el conservadurismo alemán de los residentes de Dortmund, o en España: el orgullo catalán separatista, contra el nacionalismo autoritario español: Barcelona y Real Madrid. Las grandes rivalidades en la historia del fútbol están cimentadas baja fuertes estructuras sociales, ideológicas, culturales y de identificación que viven cada una de las sociedades de los países en donde subsiste este fenómeno.

Por otro lado, existe esta identificación en el ámbito mundial, lo que se quiere dar a conocer de un país hacia el resto del mundo. Es aquí en donde entra la construcción nacionalista de la historia oficial de cada país que se junta con el potencial masivo del fútbol para crear así una nueva identidad nacional que sea capaz de unir a un país entero. Esto pasa cuando los aficionados “se perciben pertenecientes a una comunidad de sentimiento y la denominan “nación”, dando como resultado que “el estado-nación y el fútbol establecen relaciones manteniendo cada cual su autonomía” (Oliven y Damo, 2001: 21) Creándose así un megamonstruo nacionalista que apoyará con todos los colores de su bandera, y verterá el amor patriótico por su país hacia una representación de la nación ante el mundo, casi semejante a lo que pasa con un ejército en un estado de guerra; ahora trasladado a la imagen icónica de un equipo de fútbol que habrá de representar al país ante el resto del mundo. Este fenómeno es visible claramente en las Copas del Mundo, o en el caso Europeo también aparece durante las Copas Europeas de Naciones llevadas a cabo cada cuatro años.

A este patriotismo deportivo, tan usual en los últimos tiempos (a raíz de la evolución de la globalización), existe esta connotación eminentemente masculina del fútbol desde sus comienzos. Es, como dicen Oliven, “una lucha de machos similar a lo que ocurre en el reino animal” (Oliven y Damo, 2001: 23). Y esto en ocasiones es interpretado como una analogía muy cercana a una guerra por los aficionados más radicales y nacionalistas. Es la simulación más cercana de una guerra para muchos de estos aficionados, “pasa a ser una forma lúdica de sustituir la guerra por un juego con vencedores y vencidos. Hay que defender el territorio propio e invadir y penetrar el del otro grupo derrotándolo”. (Oliven y Damo, 2001: 23).

La violencia:
Existe grupos radicales en cada una de las sociedades alrededor del mundo y encuentran una identificación local o nacional, en un equipo del fútbol al cual apoyan a muerte. Pero en otros casos, el equipo de fútbol se vuelve el simple pretexto para perpetrar ataques o hechos que evidencien la forma de pensar del grupo de aficionado al cual llamaremos ahora “hinchada”. La hinchada, dice Souza “están compuestas por individuos de diferente nivel cultural y socioeconómico, de diferentes regiones, con grados diferentes de desarrollo emocional y material, etc. Sin embargo ellas no dejan de ser concebidas como una unidad o como una totalidad única en sí mismas (Souza en Oliven y Damo, 2001: 94). Es decir que las hinchadas son un conglomerados de varios pequeños grupos sociales aficionados o no al fútbol que provienen de distintos niveles sociales, pero tienen dos punto que comparten: la identificación con un equipo en común, y una ideología social muy influida por el contexto en el cual viven.

“Las rivalidades entre las hinchadas son consecuentes con las rivalidades existentes entre los propios clubes.” (Oliven y Damo, 2001: 95). Si el América es rival del Guadalajara, las hinchadas serán rivales igualmente, todo teniendo como base ideológica estos estándares sociales que identifican a cada club que explicamos anteriormente. Y esta aprensión del hincha a su equipo llega a niveles incluso de sentir “amor”, pero se toca un punto importante en el hecho de que no sólo se trata del seguir al equipo y apoyarlo, “sino también en la aversión por el otro” (Oliven y Damo, 2001: 95), en intimidar al contrario, hacerlo respetar un territorio que no es suyo. Es esta “guerra” simbólica que era el fútbol en el terreno esencialmente deportivo trasladad a las gradas, y teniendo a las hinchadas más radicales de cada club como su fuerza de ataque más temible. Debido a la fuerza de intimidación que tienen estas hinchadas, muchas son financiadas por los clubes mismos.

Pero muchas veces estas hinchadas, al tener una gran concentración de público en su interior, poseen a ciertos individuos radicales que utilizan el fútbol como el pretexto idóneo para expresarse de una manera violenta que generalmente evidencia el descontento en el cual viven. Son por lo general personas de clase baja, o media-baja, que tiene extremadamente arraigada cierta ideología que en su mayoría, nos dicen Oliven y Damo, trata temas delicados para la sociedad en general como la “raza” y las “clases sociales”. Pero poseen un concepto mucho más violento y profundo sobre estas, mucho más radical y extremista, son individuos apartados del sistema, marginados, a quienes les cuesta un trabajo enorme esta integración a su sociedad y esto los hace tener estas ideas que muchas veces asocian a la violencia. Sería interesante analizar el aspecto psicológico a fondo de estos individuos pero esto no es lo que nos compete ahora. Al tener cierta complicación para encajar en un círculo social debido a su ideología tan arraigada y extremista, se infiltran en las hinchadas desde las cuales se esconden y perpetran sus ataques siendo ocultados por algunos miembros de la misma hinchada.

Es aquí en donde nace el tan comentado últimamente problema del racismo en el fútbol. Y es también a partir de esta conducta mayoritariamente violenta y extremista por parte de estos “fanáticos” que nace la violencia en los estadios, la cual es culpa de tan sólo unos pocos. Se suele llamar a las hinchadas como violentas, pero esto sería generalizar vanamente la realidad, no todas las hinchadas son violentas y no todos los miembros de una hinchada son necesariamente violentos. Hay hinchas que se mantienen leales al juego, a su equipo y al rival como Jaime Gómez, aficionado de los Indios de Ciudad Juárez quien asegura “todos aquí en la porra apoyamos con todo a nuestro equipo en las buenas y en las malas, pero también respetamos a los del otro equipo, no apoyamos la violencia”.

Se dice que la violencia en los estadios también se refleja en una creciente agresividad por parte de los jugadores, quienes han dejado detrás el romanticismo original del fútbol y han hecho todo lo posible por “ensuciar” el juego. “La agresividad entre los espectadores ha aumentado, y puede ser que entre los jugadores también. Cada vez hay acciones más duras en el terreno de juego” (tomado de http://www.sncweb.ch/spanisch/reportajes/estadio-sp.htm, 2009). Y también, al ser deporte cada vez más violento, también cada vez más usual ver peleas monumentales entre jugadores y cuerpos técnicos de los equipos. Aquí se dice que la violencia proviene desde la cancha y posteriormente se refleja en el público. Esto puede ser un detonante para que se inicie una pelea similar en las tribunas. Todo como resultado de esta identificación extrema del aficionado con el equipo “si el pelea yo también peleo”.

Caso por país:
Las causas inmediatas de la violencia en los estadios, o fuera de ellos depende de la situación social de cada país “y de lo que signifique el fútbol en cada unos de ellos” (tomado de de http://www.sncweb.ch/spanisch/reportajes/estadio-sp.htm, 2009). Analizaremos el caso de cada país en donde este fenómeno es más latente:

Inglaterra:
En los periodos de entreguerra, las rivalidades locales (los llamados derbis) llamaban mucha atención debido a esta serie de rivalidades entre barrios y ciudades terminaban muchas veces en trifulcas y riñas que no pasaban a mayores. Las guerras mundiales dejaron a Inglaterra con un alto porcentaje de su población en la miseria total y muchos de ellos encontraron en el fútbol (su deporte nacional prácticamente) como un modo de entretenimiento, pero también como una posibilidad para expresarse en contra del gobierno de su país, y para enfrentar a la hinchada del equipo opuesto. Poco a poco las nuevas generaciones inglesas, quienes no vivieron la guerra y crecieron con una ideología crítica y cuestionaban de sobremanera al sistema conservador que imponía reglas y dictaba formas de conducta sociales que ellos por su naturaleza juvenil no pretendían seguir. La misma generación que dio nacimiento al Rock en Inglaterra es la misma generación, aunque en otros extractos sociales mucho más marginados, que dieron nacimiento al hooliganismo, el contexto, y el descontento social es el mismo. Estos jóvenes, ubicados dentro de los barrios más bajos, e industriales de las grandes urbes inglesas, dentro de lo que se denominan “los oxidados cinturones de acero de Gran Bretaña”, comenzaron a desafiar al sistema, cada vez creciendo más en número estas pandillas, y algunos con una afición muy arraigada al fútbol. Los grupos comenzaron a crecer a mediados de la década de los 60, alimentándose básicamente de la clase obrera y trabajadora británica, que a su vez evidencia una creciente polaridad social que uno no podría imaginar de un país desarrollado y de una sociedad aparentemente ejemplar.

El crecimiento exacerbado de estos grupos, dio origen a los denominados “Hooligans” quienes comenzaron a unirse en porras o hinchadas para acrecentar su número, aunque siendo su principal objetivo durante el partido el hecho de intimidar a los aficionados al equipo rival y no tanto al apoyar a su equipo. Esta conducta se puede explicar gracias a la debilidad social que existe en la isla, al descontento que hay en la gran clase obrera inglesa que es ignorada y que sin embargo ha sido la base primordial para la reconstrucción del país después de las dos guerras mundiales, y se sienten traicionados y marginados por el régimen monárquico de la isla que busca satisfacer las necesidades de una clase más alta. “Las personas sueltan en los estadios su frustración, ya que el desempleo es muy alto” (tomado de http://www.sncweb.ch/spanisch/reportajes/estadio-sp.htm,2009). Esta práctica de intimidar al rival a como dé lugar para ganarse un “respeto dentro del barrio”, se sigue manteniendo recurrentemente dentro del mundo hooligan, tal cual se puede ver perfectamente en la película “Green Street Hooligans” del 2006, estelarizada por Elijah Wood.

Los Hooligans convirtieron a la red de trenes de Inglaterra en su sitio de transporte más utilizado, a las estaciones de tren en la primera víctima de sus desmanes, y a los estadios como el trampolín perfecto para simplemente “divertirse”. Para muchos de ellos la violencia es un sinónimo de diversión, tal cual compara Bill Bufor en tu texto: entre vándalos, con la temático de la obra de Anthony Burgess, ”naranja mecánica”. En su ideología encontramos una gran contradicción, ya que en su mayoría dicen estar en contra de las políticas de la monarquía inglesa (y muchos de ellos años después serían claves para el inicio del “punk” con tendencias anarquistas y comunistas); poseen un amor incondicional hacia su país, hacia la Inglaterra representada o no por la reina. El nacionalismo inglés es llevado al extremo por los hooligans, en donde se ven orgullosos de su origen sajón, de su raza, de su idioma, y de su historia cimentada de gran manera por sus victorias en numerosas guerras y por su hegemonía a nivel mundial que los hace según ellos, invencibles a comparación del resto del mundo. Su cántico preferido es “Rule Britania”, y entonan con gran fuerza su himno nacional: “God Save the Queen”. Es por esto que su práctica más común es el racismo, en su modo discriminatorio más sanguinario posible.

Los “hooligan” atacan primordialmente a dos blancos, a todo aquel que no sea de su raza, y a los grupos hooligans del otro equipo en este afán de intimidar al otro a como dé lugar. Grupos sociales que entran en los hooligans ingleses son los llamados “skin head”, movimiento juvenil de ideología comunista, con cierta cultura general, amantes del fútbol, pertenecientes a la clase media inglesa y con gustos por la ropa elegante, el blues, el rock (muchos de ellos se volvieron hippies) y las peleas callejeras. También están los “rude boy” o los “punk” de origen mucho más humilde y por ende más agresivo.

Los hooligans se volvieron usuales a partir de la década de los 60, del mundial de Inglaterra 1966. Para la mitad de la década de los 70 ,”el hooliganismo en Inglaterra se estaba saliendo de control, centros de las ciudades eran dañados, cientos eran arrestados cada fin de semana” (Pennant y Nicols, 2006: 2). Pero el gobierno inglés de poco hacia caso de este fenómeno que cada fin de semana crecía. Hacia finales de esa década, la gran mayoría de los equipos ingleses tenían ya una porra hooligan, desde la famosa Leeds Service Crew, del Leeds United, la Red Army del Manchester United, o The Urhcins del Liverpool. Y así rápidamente el hooliganismo se extendió por toda Inglaterra y posteriormente a toda Europa, cuando el equipo inglés jugaba en campo ajeno un partido amistoso o algún partido clasificatorio de alguna competición importante. Aquí entra lo ya explicado del ámbito mundial de la identificación, de la selección nacional de un país como un símbolo de identificación nacional (Carrión, 2006).

Los desastres Hooligans a lo largo de toda Europa se desataron a partir de 1977, casi todos asociados con peleas entre hooligans mismos, ataques a personas de razas distintas, o enfrentamientos con la policía quienes en principio solo pretendían vigilarlos lo cual hizo enfurecer a los hooligans. Un partido jugado en el mítico Wembley entre Escocia e Inglaterra fue el primer gran desastre causado por los hooligans, quienes al final de este se metieron al campo del juego armados con palos y piedras, en una especie de lucha nacionalista de escoceses (sometidos por el Reino Unido) e ingleses (sometedores). En el mundial de España 1982 también hubo algunos incidentes en las afueras del estadio. Otros eventos conocidos por los hooligans ingleses fueron en Luxemburgo en 1983, los disturbios ocasionados en la Eurocopa de 1988 en Alemania donde fueron reprimidos brutalmente por la policía alemana, los desmanes en el marco del mundial de Italia 1990, peleas contra hooligans polacos en partidos amistosos; agresiones contra la policía italiana en el marco de un partido entre Italia e Inglaterra en Roma en 1997, o las peleas callejeras contra aficionados de Túnez en Marsella durante el mundial de Francia 1998. (Pennant y Nicols, 2006).

Pennant y Nicols llaman al fenómeno del hooliganismo como “la enfermedad inglesa”. En el contexto de partido de la selección nacional inglesa, si bien los hechos han sido violentos y han causado decenas, tal vez miles de lesionados y detenidos, y destrozos al centro histórico de las ciudades en donde se lleve a cabo el partido; el lado más cruel y lamentable del hooliganismo se ha visto cuando se trata del apoyo a los clubes, y no a su selección inglesa. Hay tres eventos bochornosos, y que debido a su magnitud, fueron determinantes para cambiar las reglas del juego, para que las autoridades inglesas tomaran cartas en el asunto para eliminar el problema para siempre y para que se renovara esta imagen negativa de la sociedad inglesa en aparente estado de descomposición. En 1985 un niño murió aplastado por una pared la cual fue tirada gracias a una riña entre aficionados del Birmingham City y del Leeds United. En 1989 ocurrió la mencionada tragedia de Hillsborough la cual no fue gracias a una conducta violenta de la hinchada de Liverpool, pero tiene ese mismo trasfondo.

Pero el más grave de todos ocurrió el 29 de Mayo de 1985 en el marco de la final de la Copa Europea de Clubes a disputarse entre el Liverpool y la Juventus de Turín de Italia. Los hooligans del Liverpool, ubicados en la cabecera sur del estadio de Heysel en Bruselas; fueron puestos erróneamente junto a la hinchada de la Juventus, quienes estaban justo en la sección de a lado. Solamente una endeble valla metálica separaba ambas hinchadas. Los hooligans ingleses comenzaron a lanzar objetos y piedras hacia el lado de los italianos; luego estos se abalanzaron sobre la valla que los separaba la cual se vino abajao; se produjo entonces una gran avalancha humana, en las cuales los aficionados italianos intentando alejarse de los del Liverpool se acumularon en la zona más lejana aprisionados contra un muro y por una valla protectora mucho más fuerte que separaba la tribuna de la cancha. Cientos de hinchas de la Juventus quedaron aprisionados contra las vallas, producto de la presión ejercida por los hooligans ingleses que habían invadido su espacio dentro la tribuna. No había, para mala fortuna, alguna salida de emergencia. Algunos aficionados de ambos equipos lograron entrar a la cancha armados con palos y se acercaron a donde estaban los contrarios con ánimo de agredirlos y hacer más grande la pelea. Rápidamente llegaron las fuerzas de seguridad la cual montó inmediatamente cordones de seguridad que separaron a ambas aficiones; mientras la policía montada se encargaba de detener a todos aquellos que habían invadido la cancha y resguardaban todo lo que pasaba desde la pista de tartán del estadio. Llegaron los servicios médicos, las ambulancias entraron al estadio y recorrieron la pista de atletismo hasta llegar a donde todo había sucedido. Poco a poco comenzaron a sacar cuerpos de entre el tumulto de gente que había quedado aprisionada en el sector en donde habían sucedido la avalancha.

El partido comenzó una hora después de lo planeado, cosa que fue muy criticada por los medios de comunicación quienes esperaban que el partido fuera suspendido debido a la magnitud del hecho. Según se dice: el partido se disputó bajo un clima “enrarecido y surrealista”, pues toda la cancha estaba rodeada por elementos de seguridad, todavía seguían muchas ambulancias en la pista de atletismo, e incluso muchas personas lesionadas eran atendidas cerca del campo de juego, en donde también todavía habían unos cuantos cadáveres buscando por ser llevados fuera del estadio.
Las causas de la llamada “Tragedia de Heysel” son repartidas hacia la pésima organización del partido, la mala planeación de las fuerzas de seguridad, la falta increíble de salidas de emergencia, y por sobre todo: la actitud violenta e injustificada de los hinchas ingleses. A partir de esto, la UEFA suspendió a todo equipo inglés de participar en una competición suya durante los próximos dos años, y ordenó por decreto que todos los estadios tomaran las medidas de seguridad pertinentes, de lo contrario les sería removida su licencia para albergar partidos. Pero mientras esto ocurría, ni la federación inglesa de fútbol ni el gobierno de Margaret Tatcher tomaron medidas para disolver el problema cada más creciente y aumentado del hooliganismo que antes de 1985 representaba una amenaza social peligrosa que no dejaba más que lesionados y cuantiosos daños materiales, pero que en 1986 ya había dejado lamentablemente víctimas inocentes. Se estima que murieron 36 personas en la tragedia de Heysel, siendo 34 aficionados a la Juventus.

A partir de la Tragedia de Hillsborough el gobierno inglés ahora si tomó cartas en el asunto, modernizó los estadios. Lejos de los incidentes de la década de los 90, las medidas del gobierno comenzaron dar resultados a partir del año 2000. Los incidentes hooligans han ido decreciendo gracias a los eficientes operativos policíacos en las ciudades donde estos se presenten y gracias a las medidas radicales del gobierno inglés. Hoy, el hooliganismo está prácticamente controlado y en vías de ser eliminado. Evidentemente siempre habrán personas con esta tendencia agresiva y racista, pero serán los menos, gracias a esta eficacia de las medidas de seguridad que ha logrado desmantelar a los grandes grupos de hooligans. Hoy existen pequeños grupos, de no más de 100 personas que cada que pretenden hacer algún desmán, son detenidos inmediatamente por la policía.

Italia:
En Italia, el hooliganismo fue copiado de la tendencia inglesa a mediados de los 70 y comenzó a tener auge en la década de los 80. A diferencia del hooliganismo inglés que se basa en el ultra-nacionalismo inglés, en su orgullo anglo-sajón, en el racismo y en el simple placer por la violencia; las hinchadas italianas llamadas ”tifosi” están movidas por razones políticas, la xenofobia, el racismo y por razones meramente deportivas: como la frustración ante la derrota de un equipo, o un desacuerdo ante una decisión del árbitro. Dice Klaus Littman que “En Italia el fútbol tiene una connotación fascista” gracias a esta cercanía de las hinchadas italianas con el aspecto político de su país. Durante los partidos entonan cantos anti-partidistas, y dependiendo del partido al cual ataquen esa será su ideología. Muchos se acercan a la ultra-derecha en donde la xenofobia es una actitud recurrente, y es hacia donde muchos de los tifosi desvían su atención para atacar a cualquier aficionado que se acerque a ellos que tenga una pinta de extranjero. No sólo los atacan, son incluso capaces de matarlos y de mutilar partes de estos dejando mensajes destinados a ser leídos por los líderes políticos en turno. Pintan paredes ocasionalmente con consignas xenofóbicas y anti-políticas. Van armados con bats de béisbol, y cuchillos a los estadios lo cual los hace aún más peligrosos que los ingleses, quienes sólo pelean con sus manos en la mayoría de los casos; los más radicales tifosi italianos no tienen ningún escrúpulo en asesinar.

Los tifosi de la Roma son considerados como los más violentos, y han sido centro de muchos eventos lamentables en la historia reciente, sobre todo en peleas contra hooligans ingleses. Esto en el marco de la Copa UEFA del 2001 entre el Liverpool y la Roma. Otro evento que en su momento causó un gran escándalo en el fútbol mundial fue un partido de cuartos de final de la Liga de Campeones de la UEFA en 2005 entre el Inter de Milán y el AC Milán, equipos de rivalidad histórica gracias a ser originarios de la misma ciudad. Este evento fue meramente causado por lo deportivo ya que el Inter de Milán estaba siendo eliminado de la competición por su más acérrimo enemigo, y esto causó el enojo de los tifosi del equipo “neroazzuro”, quienes cerca del final del encuentro comenzaron a lanzar bengalas a la cancha. Los tifosi del Inter estaban detrás de la portería del guardameta del AC Milán, el brasileño Dida. Dida comenzó a retirar las bengalas que estorbaban la visibilidad del campo de juego y cuando se dignaba a hacer el saque de meta, una bengala roja cayó sobre su cuello, el arquero cayó súbitamente y se tomó la cabeza mientras las asistencias médicas entraban el terreno de juego. Los jugadores el Inter de Milán pedían calma a sus aficionados, quienes empero, siguieron lanzando bengalas al terreno de juego de manera que en cuestión de minutos, toda la cancha estaba cubierta por una gigantesca nube de humo. El árbitro tomó la decisión de acabar con el partido inmediatamente.

El evento más reciente tuvo como marco un partido en el 2007 de la Serie A italiana entre el Catania y el Palermo, el llamado clásico de Sicilia. Estos eventos se atribuyen también a lo deportivo aunque también existió cierta connotación política y de odio social, gracias a la rivalidad histórica y al odio acérrimo que existe desde hace mucho tiempo entre los aficionados de un equipo al otro. Todo nació a raíz de un gol controversial del Palermo en un supuesto fuera de lugar. La hinchada del Catania comenzó a lanzar bengalas al terreno de juego, siendo reprimidos inmediatamente con gases lacrimógenos por los policías. El árbitro decidió suspender el partido durante 40 minutos pues los gases lacrimógenos llegaron hasta varios jugadores y muchos resultaron afectados. Al final del partido los tifosi del Catania decidieron tomar venganza contra la policía pero ahora fuera del estadio; y sucedió de repente una gigantesca batalla entre policías y tifosi en las calles que rodeaban al estadio, que terminó con el saldo de un policía muerto, y más de 150 heridos. Como medida radical, el gobierno italiano decidió suspender la liga durante 1 semana, y durante las siguientes dos fechas de la liga se jugarían a puerta cerrada. Un mes más tarde, un aficionado al Livorno murió apuñalado cuando iba de regreso a su casa. La liga volvió a suspender todos sus partidos durante 1 semana y anunció que de ocurrir algo similar nuevamente, la liga quedaría suspendida indefinidamente. Desde entonces la violencia en los estadios italianos ha estado relativamente controlada aunque aún existe el temor de que en cualquier momento pueda volver a estallar.

Otros países europeos.
En España, el hooliganismo es mucho menos agresivo que en Italia e Inglaterra, y está fundamentado básicamente en el racismo , llevando esto al terreno de los insultos y no de las agresiones físicas; así como al contexto social separatista de muchas de la regiones autónomas de España las cuales anhelan con separarse del reino y crear un país con identidad propia y autónoma; estamos hablando de regiones como Cataluña y el País Vasco, quienes además tienen un sentimiento nacionalista fuertemente arraigado. Los hinchas más radicales, los llamado “ultras” españoles, son llamado Boixos Nois, quienes en su mayoría profesan el racismo y la xenofobia. Africanos, asiáticos, latinos, o extranjeros son víctimas de los insultos racistas por parte de los Boixos Nois. Un ejemplo de esto fue cuando el jugador del Barcelona, Samuel Eto´o anotó un gol en el estadio de Málaga, varios hinchas radicales le tiraron bananas. Lo mismo pasó con el portero del Espanyol de Barcelona, Kameni que también recibido con bananas y con gritos simulando a un mono, por parte los hinchas.

En Turquía, es conocida la gran pasión por el fútbol, a tal grado que el marco de un partido de gran importancia es pletórico en exceso. Para los visitantes, Turquía es un verdadero infierno, gracias al ambiente hostil de los hinchas, las luces de bengala que a ratos cubren con una gran nube todo el campo de juego, y con cantos que plasman el nacionalismo turco y el orgullo de ser musulmán, interpretando esto como una extensión de la “guerra santa” musulmana contra el mundo occidental, trasladada al contexto futbolístico. En Alemania la tendencia hooligan británica es copiada, y adecuada al contexto germánico. Los hooligans alemanes también poseen un sentimiento patriótico radical hacia su país, y están comúnmente ligados con la ultraderecha y con el “neo-nazismo”. Gran parte de los hooligans alemanes son neo-nazis, por lo que el racismo expresando en insultos, grafitis, y en ocasiones, agresiones físicas; es habitual. Durante el mundial de Francia 1998 causaron una gran cantidad de disturbios, pero desde ese entonces han estado relativamente bien controlados por la policía, a excepción de unos cuantos eventos menores durante el mundial de Alemania en el 2006.

La misma ideología ultraderechista y neo-nazi se repite en Francia, en donde los hooligans no son tan agresivos entre ellos mismos, pero sí cuando se presenta una porra proveniente de otro país. También se plasma en muchas ocasiones el descontento político, y muchas manifestaciones en contra de los gobiernos de Jacques Chirac en su momento y ahora de Nicolas Sarkosy, se han llevado a cabo en los estadios. En Francia los clubes que poseen estas porras ultra-radicales son el Paris Saint Germain y el Olympique de Marsella. Recién en el año de 2008 durante un partido entre el Olympique y el Atlético de Madrid, se llevó a cabo una pelea entre policías y “ultras” franceses, en la cual fue arrestado el líder de los ultras. Meses más tarde, los ultras del Olympique amenazaron con matar a cualquier aficionado del Atlético de Madrid, e incluso de atacar a jugadores y cuerpo técnico (Javier Aguirre incluido), si su líder no era liberado antes del partido. La bomba quedó desactivada cuando justo antes del inicio del partido, el líder francés fue liberado de prisión, y el partido se llevó a cabo en total calma.

En Polonia, los hooligans son particularmente agresivos, tal vez lo más agresivos de todos. Cargan siempre con cuchillos, navajas, palos, y a veces hasta con pistolas, tienen un racismo fuertemente arraigado y también un simple placer por el hecho de agredir a los demás. Son comunes las peleas entre los hinchas de los dos equipos más importantes del país, el Wisla de Cracovia y el Slask de Cracovia, en donde ha habido muchos muertos. Otros países europeos en donde este fenómeno se ha repetido, teniendo al racismo, el neo-nazismo, la xenofobia, el descontento deportivo y el placer por la violencia como puntas de lanza se han visto en Grecia, Serbia (en donde tiene mucho que ver con este racismo multi-étnico que desencadenó la Guerra de Yugoslavia durante la década de los 90), Holanda y Suiza, en donde el caso es especial ya que las personas reaccionan violentamente por “la opulencia y el aburrimiento” y por un descontento ante lo meramente deportivo (tomado de http://www.sncweb.ch/spanisch/reportajes/estadio-sp.htm,2009).

América Latina:
A América Latina, la formación de las llamadas “barras bravas” fue a mediados de la década de los 50 y se arraigó primeramente en Argentina y Brasil, en donde el fútbol forma parte preponderante la identidad y de la construcción nacionalista del país. Son países en los que no solamente es un juego, abarcan aspectos mucho más profundos como la dignidad, la identificación social, y en donde se le ve más como una forma de vida. El primer antecedente aparece en Perú en 1964 en donde en el Estadio Olímpico de Lima ocurre una pelea entre aficionados peruanos y argentinos en un sector de la tribuna, la cual dejó más de 300 muertos, y 500 heridos. Este evento es considerado como la peor tragedia en la historia del fútbol moderno, más todavía que la de Heysel o la de Hillsborough.
En Perú, Chile y Ecuador este fenómeno se ha repetido desde la década de los 70, aunque en muchas ocasiones está ligado inmediatamente al enojo y a la frustración ante lo deportivo y no tiene como trasfondo un descontento social. Tiene más que ver con la mera rivalidad deportiva (Carrión, 2006). En Argentina y en Brasil pasa lo contrario. Ahí si se refleja un contexto social y un descontento evidente, aunque muy diferente de las razones que hay en Europa, como el racismo y la xenofobia. En Brasil y en Argentina el origen de la violencia en los estadios está en las meras rivalidades locales, aquello que explicábamos antes en donde las pandillas pelaban por el control de las calles y según un periodista de la DW (Deutsche Welle) tiene que ver también incluso con el narcotráfico y la venta de drogas en los estadios. En Argentina “las llamadas barras bravas” y en Brasil “las torcidas” están formadas básicamente por personas pertenecientes a la clase media-baja y baja, obreros, trabajadores, y en muchos casos desempleados, lo cual evidencia no sólo la terrible polaridad social que hay en estos países, sino también en toda América Latina.

Dice este periodista de la DW que de todos los países a los que ha asistido a cubrir algún evento futbolísitco, en el que más grave se ha presentado el “hooliganismo” es en Argentina justamente. Y esto es por que los líderes de las “barras bravas” tienen nexos con pequeños narcotraficantes, y convierten al estadio en un lugar perfecto para llevar a cabo el negocio. Aunado a que estos mismo también están armados con cuchillos, navajas, y hasta con pistolas; en el seno de la barra existe una lealtad hacia sus líderes a los cuales defienden y encubren todo por el bien de la barra. En la década de los 2000 ha habido eventos muy graves que ha recibido censura por parte de todos los medios de comunicación argentinos. A lo largo de la década, casi 50 hinchas han sido asesinados en las afueras o dentro de los estadios de fútbol, siendo recordadas una revuelta en el año 2003 cuando se disputaba un partido entre Estudiantes de la Plata y Huracán, y otra muy reciente en el año 2007 en donde un aficionado de Lanús fue apuñalado y en el 2005 cuando un futbolista fue baleado por un policía accidentalmente durante una pelea entre hinchas en un partido entre San Martín y Godoy Cruz. Ante estos hechos, en 2007 se tomó la decisión de suspender la liga hasta el momento en que se garantizara la seguridad en los estadios argentinos.

México:
Hemos llegado finalmente al caso mexicano, en donde la violencia en los estadios es relativamente nueva. Está ligada con la formación de las “barras bravas” mexicanas, exportadas en 1997 por el Pachuca, siendo la primer barra brava mexicana, la Ultra Tuza; todo como plan del director deportivo del Pachuca, Andrés Fassi de dotar de más ambiente a su estadio y de contar con una verdadera porra que sirva para alentar fielmente a su equipo. Muchos equipos posteriormente comenzaron también a formar sus porras, y a financiarlas, tal cual sucede en Inglaterra. A partir del surgimiento de la “Ultra Tuza”, surgen la Rebel de los Pumas, la Monumental del América, la Perra Brava del Toluca, la Adicción del Monterrey, entre otras varias. Cabe señalar que no todos los hinchas pertenecen a una barra brava, no todos los hinchas son violentos, y no todas las barras bravas son violentas, así como también pueden haber hinchas violentos y que no pertenezcan a ninguna barra. Eso suele pasar en México en donde un solo hincha aficionado a un equipo perpetre algún acto vandálico, se asegura de facto que este es perteneciente a una barra brava, y por ende se le imputa a esa barra brava el adjetivo de violenta cuando en muchas ocasiones no es así.

Antes en México, las porras eran muy particulares y fieles. El “Chiquitibum” viene desde la década de los 20 y era el grito clásico entre las porras leales y tranquilas aunque apasionadas de aquellos tiempos. Sin embargo estas pequeñas porras han sido absorbidas en muchos casos por las barras bravas, quienes ahora ocupan lugares más grandes en el graderío, gozan del apoyo de la directiva de los clubes, y lamentablemente, realizando actos vandálicos dentro y fuera de los estadios. Lo más penoso de esto es que las barras mexicanas no poseen una identidad propia, por lo que en esta ocasión no son el reflejo claro y fiel de los problemas o de la ideología de ciertos extractos de la sociedad mexicana, tal como si pasa en Inglaterra y España en donde si se refleja el pensar y el sentir de las clases medias-bajas. La identidad de las “barras mexicanas” nada tiene que ver con el entorno político del país, o con su ideología social, es una identidad falsificada, una identidad “imitadora”. Y es que todas las formas, las costumbres, los cantos, todo lo que hace a las barras bravas mexicanas son imitadas de las barras bravas sudamericanas. El famoso “Vamos América” viene de las barras argentinas, mientras que el “Cómo no te voy a querer” de la Rebel, proviene de la hinchada de Colo-Colo en Chile. (tomado de http://espaciocritico1.wordpress.com/2008/05/07/las-barras-construyendo-la-identidad-en-el-futbol-mexicano/, 2009).

La llegada de las barras bravos trajo también consigo la llegada de la violencia a los estadios. Violencia muchas veces injustificada y que tiene sólo como su principal causa el hecho de agredir a la barra rival sólo por el hecho de agredirla, aunque también de vez en cuando la causa es el descontento ante el resultado deportivo. Ha habido incidentes relativamente graves desde 1997, ataques con piedras a los camiones de los equipos, lanzamiento de objetos desde la tribuna hasta la cancha hiriendo a los árbitros, hasta algunos cuantos enfrentamientos en las calles alrededor del estadio entre barras bravas y policías. Ha habido otros hechos violentos aunque no relacionados directamente con las barras bravas sino con el manejo de las directivas de los equipos y sus negocios turbios que hacen con el fútbol. Ejemplo de esto fue cuando en el 2003 la PGR cerró el estadio Sergio León Chávez de Irapuato gracias a un acuerdo entre la directiva del equipo y la policía al haber presuntamente un manejo del equipo por parte de narcotraficantes. La barra brava del equipo de Irapuato conocida como “Los hijos de la Mermelada” considerada como una de las más agresivas del fútbol mexicano, irrumpió en las puertas del estadio, entró violentamente a estas y exigieron la salida inmediata de la directiva del equipo. También el 2005, un jugador del Colima fue asesinado por un desconocido presuntamente asociado a un grupo narcotraficante, justo cuando este iba saliendo del estadio tras jugar un partido.

El fútbol mexicano se encuentra ahora ante el mismo problema que tuvo Inglaterra en los años 80, aunque con la gran diferencia de que las razones por las cuales la violencia en el fútbol mexicano existe, no tienen tanto peso como si la tienen en Europa. Igualmente el problema no es tan grande como lo llegó a ser en esos países, y afortunadamente, se han aplicado buenos operativos que han permitido contener relativamente bien a las barras bravas.

Salimos a las calles de la ciudad de Toluca, en los alrededores del estadio Nemesio Díez, a farmacias, negocios, restaurantes y a gente que pasaba por la calle, a aplicar unas encuestas sobre que era lo que la población pensaba sobre la violencia en los estadios mexicanos arrojando estos resultados:
De un total de 35 encuestados, de una muestra de personas entre 19 y 60 años de edad de clase media habitantes del centro de Toluca: 45% va cada mes al estadio, 22.8% cada 15 días, 17.14% una vez al año y 14.28% no va al estadio. Varios resultados interesantes que encontramos fueron que:

De el 85.72% de encuestados que si van al estadio por lo menos una vez al año:
El 22% no se siente seguro dentro del estadio y el 73% restante sí
Un 6% ha sido víctima de actos vandálicos dentro o fuera del estadio
El 92% considera a las porras de la Rebel y la Monumental como las más agresivas del país, también mencionan a la Ultra Tuza
El 48% se entera ocasionalmente de actos vandálicos dentro del estadio
El 26% no confía en la eficacia de la policía ante cualquier hecho violento
El 51% no cree que la violencia sea generada solo por aspectos deportivos, mientras que el 49% si lo cree
El 49% asegura que la violencia en los estadios mexicanos sólo se debe a la :”calentura del partido”, mientras 29% piensa que hay discriminación social y un 11% que hay racismo.
El 41% piensa que la violencia sólo destruye familias
Finalmente se les preguntó que harían para erradicar el problema: y el 46% optó por disolver las barras, mientras que un 23% dijo que habría de haber más policías.

Estos resultados nos permiten ver aspectos muy interesantes, como que poco a poco la violencia en los estadios está entrando dentro del imaginario colectivo. Que hay una parte de la sociedad que si siente miedo de ir al estadio, con lo cual ya no llevan a sus familias, y así se ha desplazado la naturaleza familiar que tuvo el fútbol toda su vida en México. Así pues no deja ver que hay gente cercana que si ha sido víctima de alguna u otra forma de algún acto vandálico fuera o dentro del estadio, como es el caso de Walter, encargado de una miselánea que cuenta que un día terminando un partido entre Toluca y América “algunos miembros de la Monumental llegó a mi tienda y la saquearon, rompieron vidrios y me robaron varias cosas, aunque no me amenazaron, nada más me gritaron y me dijeron que no intentara nada”. Afortunadamente estas víctimas aún siguen siendo una pronunciada minoría. También se nos muestra que no hay una gran confianza en el cuerpo policiaco, en las medidas de seguridad y algo muy intersante fueron las propuestas que cada uno haría para erradicar el problema de una vez por todas.

Conclusiones:
El fútbol es mucho más que un deporte. Su arraigo dentro de las sociedad lationamericana y europeas está muy ligado al contexto social que cada sociedad vive, esto permite que ciertos extractos de la sociedad se identifiquen con un club a nivel local, y con su selección a nivel mundial, optando por un nacionalismo excerbado. El fútbol es un motor de pasiones, gracias a estas identificaciones que suceden, y esto hace que haya hinchas radicales que defiendan su ideología de alguna u otra forma. Unos hinchas en verdad son aficionados leales a su equipo, otros solamente toman al fútbol como el pretexto para perpetrar actos vandálicos que dañen a todo aquel que no converge con su forma de pensar, o simplemente, lo hace por el gusto de la violencia. Así pues, el fútbol se vuelve un reflejo claro de los problemas de una sociedad: xenofobia, racismo, desempleo, narcotráfico, violencia, intolerancia que en ocasiones se sale de control y daña la naturaleza de un simple espectáculo, de un juego lúdico y tranquilo, de lo que es al fin y al cabo un simple deporte. En Europa se ha casi erradicado, sobre todo en Inglaterra y Alemania aunque sigue vivo en otros países, y en América Latina está ligado en muchas ocasiones al narcotráfico y a las añejas rivalidades sociales. Depende de las autoridades, de las directivas de los equipos, y de la sociedad mismas evitar que este fenómeno, este “cáncer del fútbol” siga avanzando cada día más y más, para que así podamos disfrutar de lo que a todos nos gusta. De ver un juego que nos apasiona, y nada más.

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