LA INFLUENZA H1N1 UN VIRUS DE INFORMACIÓN.

Por Naxhielly Anaid Aguirre Silva. 

 La influenza h1n1 y los Medio de comunicación.

La influenza h1n1 y los Medio de comunicación.

Era la noche del jueves 23 de abril, muchos se encontraban preparando sus cosas para el día siguiente, algunos estudiantes dormían, el examen de enlace de la SEP giraba alrededor de los pensamientos de los maestros, todos realizando las actividades cotidianas. Todo aparentaba ser normal, hasta que dieron las 11 de la noche y en el noticiero de López Doriga notificaron que se suspenderían clases debido a un virus llamado Influenza porcina que según la información había cobrado vidas y amenazaba con expandirse.

Los teléfonos comenzaron a sonar, mensajes y llamadas, de familiares o conocidos, la radio la televisión y hasta el Internet difundían la noticia de manera instantánea.

El servicio de Unonoticias de Telcel atasco los celulares con la información, Facebook y los usuarios de otros círculos sociales compartían la noticia.

A partir de ahí la Influenza porcina, ahora llamada Influenza H1N1 fue el tema principal se la agenda mediática y se convirtió en la culpable de todas las desgracias del país. Olvidando y pasando a segundo plano los demás aconteceres. 

Las actividades de la vida cotidiana del  D.F. fueron canceladas y se tomaron medidas de seguridad extremas.

México cambió y la percepción de éste también, dado el circo mediático que se armó al respecto y la información que cruzó fronteras sin detenerse a reflexionar acerca de su totalidad en la documentación e información de los hechos, el racismo, la paranoia y el exceso de información provocaron que muchos mexicanos se vieran afectados, tanto social como económicamente.

Posterior a la noticia, los rumores comenzaron a crecer, que si era falso, que si cerrarían los supermercados, que probablemente era una conspiración, que los narcos; y junto con esto la credibilidad del gobierno fue cuestionada, por lo que muchos medios presentaron información desde varias perspectivas y visiones. Todos  con el mismo objetivo, hablar sobre la influenza, no obstante el informarse comenzó a ser la actividad principal de muchas personas y en mi opinión no se tenia que buscar mucho, solo bastaba con acercarse a un medio de comunicación para enterarse de todo lo que sucedía con relación al tema.

viajan-con-cubrebocas-usuarios-del-metro-300x350El exceso de información y la desinformación, ha provocado que la sociedad vea el problema como una farsa, provocando que las personas ya no consideren las medidas de prevención y confíen menos en las autoridades. Y es precisamente la triste conclusión de este fenómeno, que el gobierno actuó de manera ejemplar, previniendo a través de diversas mediadas la propagación del virus, quizás el cuál no coincidía con la importancia de esas medidas, pero no se dejo lugar a la duda y se actuó de manera efectiva e inmediata no dejando a un lado algún punto que pudiera ser vulnerable para evitar una catástrofe mayor, pero los medios de comunicación cuestionaron la efectividad del gobierno en lugar de apoyarla, creando una división en la población en cuanto a una opinión de favor o en contra. Digo triste conclusión por que es bien sabido de la ineficacia que nuestro gobierno tiene como característica  por toda la población y por esa razón es blanco fácil de críticas negativas, pero en este caso el gobierno actúo de una forma rápida y con determinación, algo que sucede de manera muy escasa en nuestro país caracterizado por las divisiones políticas y la lentitud en la que se deciden medidas a tomar debido a estas divisiones. Entonces ¿por qué seguimos criticando al gobierno cuando por primera vez actuó de manera unida, rápida y determinada? ¿Es acaso nuestra costumbre de criticar incluso cuando no hay argumentos para hacerlo? O quizás fueron los medios de comunicación que en lugar de apoyar al gobierno y sus medias sanitarias le dieron la espalda criticando, cuestionando y dividiendo a la población en diferentes juicios y criterios

 

Compras de Pánico

Compras de Pánico

Cada día los medios de comunicación buscan más los contenidos llamativos, divertidos e impactantes, que la información importante. Es por esto que el pánico y la incertidumbre crecieron, al tener un mensaje transmitido por el gobierno por un lado y otro mensaje de naturaleza diferente por parte de los medios por el otro.

 

La directora de comunicación de la Universidad Iberoamericana, escribió para El país, una nota titulada “Cuando no hay suficientes muertos”, donde retoma la importancia y el escándalo que los medios de comunicación le han dado al virus de la influenza. Y es que cuando no hay casi nada de que hablar, hay que sacarle provecho a cualquier cosa.

Del mismo modo en el portal de The wall street Journal salio un video, Influenza H1N1: ¿Demasiado escándalo por nada?., donde John Bussey da su opinión acerca de la cobertura mediática que tuvo el fenómeno influenza en México, basada una nota donde se hablaba sobre la disminución de personas infectadas por la influenza humana.

El tema de la influenza humana ha dejado mucho que pensar, la incertidumbre que sembraron los medios informativos fue más grande que la paranoia.

Cabe cuestionarse que tan objetivos son los medios de comunicación y sobre todo con cuanta calidad cuenta la información que estos nos manejan.

08-1nac1Citando a la licenciada en comunicación Gabriela Warketin “cuando hay que informar de y narrar sobre una crisis anticlimática, a los que nos dedicamos a la comunicación todavía nos queda mucho por aprender”.

 

 

 

 

 

Cuando no hay suficientes muertos

> GABRIELA WARKENTIN* – Ciudad de México

> El País (España)

> 11/05/2009

> Y ahora, ¿de qué hablamos?

> No hay suficientes muertos, no hay escenas dramáticas de

> individuos colapsándose por las calles, no hay hordas

> desbordadas por las ciudades en busca de pan y de agua, no

> hay personas arrancándose unas a otras las mascarillas, no

> hay linchamientos, no hay carretillas con cadáveres

> apilados, no hay bombas ni artillería, no hay suficiente

> sangre. Lo que sí hay es un nuevo virus; una población

> entre asustada y escéptica; autoridades que, ¡oh,

> sorpresa!, asumen el control; la megalópolis que cierra y

> se encierra; algunas decenas de muertos y más de un millar

> de infectados; escuelas que bajan la cortina; unos cuantos

> mexicanos maltratados en un puñado de países; dos o tres

> declaraciones estridentes de dirigentes que están, o

> pretenden estar, enojados.

> La nueva influenza que se desató primero y con un poco

> más de fuerza en México que en otros lugares, ha puesto en

> evidencia muchísimas fallas y virtudes de nuestro sistema.

> Y ha mostrado también que cuando hay que informar de y

> narrar sobre una crisis anticlimática, a los que nos

> dedicamos a la comunicación todavía nos queda mucho por

> aprender.

> Comencemos por algún lado: en México se decreta

> situación de emergencia sanitaria a raíz de la

> multiplicación de casos de enfermedad (y algunas muertes)

> por el virus de una influenza llamada primero porcina,

> después humana y hoy A H1N1. Aunque diversos medios ya

> habían mencionado la existencia de personas infectadas con

> una nueva forma de influenza, fue hasta la noche del 23 de

> abril que el grueso de la población recibió el anuncio de

> suspensión de clases en una zona neurálgica del país, y

> la imposición de medidas sanitarias hasta entonces

> reservadas a otras geografías. A la postre se sucederían

> nuevos anuncios, hasta llegar a la solicitud, en cadena

> nacional, del Presidente a todos los mexicanos: quédense

> estos días en casa para evitar contagios o la propagación

> del virus. Se complica el reto: cuando un país se recoge,

> hay que ser muy creativo o hasta inventivo para tener algo

> que contar.

> Los medios de comunicación en México (y de otros lugares

> del mundo), nos dejamos llevar primero por la sorpresa de la

> noticia, y las nuevas imágenes que esta producía. Después

> vino la sospecha y el escepticismo, y había que cazar a las

> autoridades: irregularidades en las cifras, ¿por qué hasta

> ahora?, ¿no estarán exagerando?, ¿no estarán ocultando

> algo más grave? Entonces pasamos al relato de la víctima:

> de uno de los primeros contagiados (un niño avispado, con

> buen manejo de medios) a la mujer no atendida, al empleado

> obligado a trabajar aun a pesar de las prohibiciones, al

> mexicano maltratado en China, al varado en Buenos Aires, a

> la familia estigmatizada por sus vecinos. Y se acentuó lo

> que -si nos lo permitiéramos nos daríamos cuenta- es una

> verdadera pesadilla informativa: porque en realidad no

> estaba pasando nada, pero los medios de comunicación ya

> habían extendido sus horarios de cobertura.

> En un mundo acostumbrado a la información en tiempo real,

> al espectáculo, al drama invasivo, a la estridencia, a la

> cacería del sospechoso, al juicio mediático, un lapso de

> tiempo detenido, de gente recogida y de virus contenido es

> casi un hoyo negro.

> Claro está que sí sucedían cosas, que el virus es real,

> como lo son los muertos, los enfermos, y las consecuencias

> funestas de todo esto en la economía y la vida de los

> afectados (incluido al país como tal). Pero en términos

> del espectáculo mediático, no había nada sustantivo con

> qué llenar las horas y horas de transmisión radiofónicas,

> los programas especiales de la televisión, los suplementos

> de los impresos. Cierto, los medios fueron útiles para no

> provocar pánico ni incitar a la desobediencia.

> Pero al paso de los días, la imposibilidad de tratar la

> “nada” se hizo evidente en la reiteración

> informativa, la multiplicación de las historias

> victimistas, el auto-encumbramiento de algunos comunicadores

> como salvadores de los agraviados (antes de que nuestro

> Presidente nos proclamara salvadores de la humanidad). Los

> medios impresos, en sus versiones online, también sufrieron

> el encuentro con la “nada”: la actualización

> minuto a minuto no arrojaba datos sustantivos, porque no los

> había. Será tal vez, parafraseando a Kundera, que la

> historia estaba en otra parte.

> Aún hoy, cuando empieza a quedar un poco más clara la

> magnitud de la crisis, seguimos enganchados en la narrativa

> victimista y en el vicio de atrapar la declaración del

> funcionario para encabezar con eso la nota. Toca tal vez

> comenzar otra labor, la del reportero que sigue los hilos de

> la historia; la del periodista de investigación que es

> capaz de usar y cruzar bases de datos e interrogar la

> realidad más allá de su inmediata percepción; la del

> trabajo colaborativo, que debiera ser propio del periodismo

> de estas épocas enredadas y que permita contrastar

> hipótesis, compartir enfoques y completar mosaicos. Me

> temo, sin embargo, que se impondrá el hábito, voltearemos

> a ver el siguiente escándalo y nos sumiremos en las

> declaraciones, las víctimas y los verdugos en turno.

> Servirá todavía de escudo la convicción de que los

> lectores y la audiencia ahí siguen. Mientras sigan, claro

> está.

> Algunos señalan ya que los verdaderos ganadores de esta

> complejidad comunicativa fueron las redes sociales y la

> dimensión dialogante de Internet. No lo sé, pero supongo

> que más que un tipo de medio, lo que termina ganando es un

> interesante equilibrio en donde la imposibilidad de los

> medios tradicionales por abordar esta nada tan peculiar, se

> remedia con la recuperación de las voces individuales, que

> dialogan en la Red y fuera de ella, para darle sentido a una

> historia que está más allá, o en otra parte .

> Cuando no hay suficientes muertos para nuestra tradicional

> forma de narrar e informar, estamos obligados a ser capaces

> de encontrar otra.

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