Influenza: ¿Desinformación o sobrereacción?

por Eduardo Enrique López Navarrete

La epidemia de influenza A(H1N1) que ha azotado al mundo en los últimos días ha traído consigo una incontable cantidad de noticias, reacciones, y fenómenos mediáticos que evidentemente han influido en las sociedades cada vez más pendientes y dependientes de los medios de comunicación en una época posmoderna y globalizada. El potencial pandémico del virus, y las noticias sobre el cierre casi total de todas las actividades recreativas y económicas en México, ha ocupado un lugar preponderante en la agenda mediática de casi todos los medios alrededor del mundo, siendo cada uno responsable de interpretar y manejar la información que se va gestando desde las mismas entrañas de sucede todo.

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El mundo está informado perfectamente sobre el virus, sus síntomas y los medios se han encargado de divulgar hasta el cansancio las medidas precautorias que la sociedad ha de tomar si es que quiere impedir el contagio. De esto los medios han sido de gran utilidad para informar a la sociedad sobre las medidas que deben de tomar, jugando así un papel importante en la no propagación del virus a escala mundial, que lo lleve a convertirse en una pandemia de proporciones semejantes a la gripe española de principios del siglo XX. Sin embargo, en el ámbito del manejo de la información pertinente al avance de la enfermedad, las muertes y los casos de contagio (cuyas cifras varían notablemente dependiendo de cada medio); ha rayado en los niveles “absurdos” de “sobrereacción” o “exageración” y esto misma ha propiciado una entendible paranoia colectiva mundial.

Hay tanta información que a su vez, lamentablemente, causa una terrible desinformación en la gente. Los números y las cifras de muertes y probables casos (confirmados o no, sospechosos y no sospechosos) lejos de crear una certeza sobre una realidad cercana, crea una gigantesca confusión que en ciertos círculos sociales en donde impere la ignorancia y la desinformación; puede conllevar a una inusitada reacción de alarma y hasta miedo. Mientras que en otros se puede llegar a dudar de la autenticidad misma ya ni digamos de la epidemia, sino de la existencia de la enfermedad. El tema ha sido tan tocado y tan explotado por los medios de comunicación mundiales, que en un principio aumentaron este alarmismo paranoico que experimentaron sociedades como las europeas o las norteamericanas. Tal cual señala Milagros Pérez Oliva en su columna en el diario el PAÍS, en donde critica la cobertura excesiva, confusa y contradictoria que el diario ha ofrecido a sus lectores. Por un lado asegura que las contradicciones que los grandes encabezados tiene son verdaderamente imperdonables, al tener primero un encabezado alarmista y claramente exagerado en el cual se asegura que el 40% de los europeos se verán contagiados por la gripe, mientras que inmediatamente abajo señala una nota en la cual la Unión Europea llama a la calma y vaticina un efecto mucho más ligero y endeble del que EL PAÍS informaba con extremo acento devastador y apocalíptico en la noticia anterior. Así pues toma por cierto y verdadero todo aquello que diga la OMS, o la UE, o cualquier organismo que tenga cierto control y conocimiento sobre la propagación de la epidemia; esto sin antes corroborar y estar seguro al 100% si en verdad la organización dijo eso, y si lo dijo en ese tono y con esa intención.

Esto indudablemente confunde y malinforma a la sociedad, quien tiene una confianza ciega en la veracidad del medio (y más aún en tiempos de crisis económica y sanitaria en donde la veracidad del medio no es tan cuestionada, cuando la primera prioridad es atender las necesidades básicas como la salud y la estabilidad económica personal y familiar). Justo por esto, en tiempos de alertas y de un alarmismo colectivo sin precedentes, la primera intención de la sociedad será tomar todas las medidas pertinentes, y no perderá el tiempo en juzgar si la información es cierta o no. Esto lo harán, claro, quienes no tengan aires “pseudointelectuales” y prefieran asegurar cualquier cantidad de teorías absurdas de complot acerca del orígen y propagación de la enfermedad.

Otro factor que Milagros Pérez Oliva señala es que EL PAÍS ha decidido hacer esta cobertura exhaustiva, (y por eso confusa y contradictoria) gracias a la gravedad que las autoridades dieron a la epidemia. “Si es tan grave para el gobierno, también lo es para los medios”. Es ésta relación tan cercana entre gobierno y medios, a su vez es confirmación de las teorías de comunicación de masas (teoría de los dos pasos) en la cual el gobierno da información, el medio INTERPRETA o informa con determinada intención, y la sociedad recibe el mensaje. Y esta misma gravedad con la que las autoridades de los países encaraban el avance inminente del virus, fue calcada por los medios (aunque interpretada con un distinto matiz) y por su eterna ambición de maximizar y exagerar los sucesos para así garantizar un mayor “rating”. Justo por esto no se puede asegurar que medios y gobierno se pusieron de acuerdo en manipular a las masa, eso es injustificable ya que cada uno tiene sus propios interes, y como hemos dicho, el medio tiene la función innata de interpretar la información y difundirla en un sistema de comunicación de masas.

Este fenómeno no sólo ocurrió en España, sino se repitió en todo el mundo, en donde el temor de la epidemia venía desde el gobierno, y se reflejaba claramente en el actuar de los medios de comunicación y esto reflejó en la subsecuente paranoia que se desató a nivel mundial; más en específico en el caso cercano de México. Esto nos hace ver que los medios de comunicación ahora más que nunca son DE MASAS, su influencia sigue siendo masiva, su mensaje es cada vez más expandido a un número mayor de personas.

Por otro lado tenemos la desconfianza de su sector de la población con respecto a la información que el gobierno da, y que convierten a los medios en su principal portavoz. Es esta paranoia de “el gobierno que nos quiere manipular”, esta idea arcaica del “gobierno y los medios vs la sociedad”. Lo cierto este es que esta idea paranoica y perversa de las mil probables teorías de conspiración, forman parte de la misma paranoia mediática desatada, y de la misma desconfianza que un grueso de la población “pseudointelectual” del país que tiene con el accionar del gobierno; al cual siempre cuestionan y acusan muchas veces sin razón alguna. Lo cierto es que hay epidemia, esto gracias a la información que fuentes de primera mano me han dado, y que las medidas que ha tomado el gobierno han sido correctas, suficientes, pero tardías lamentablemente.

Por otro lado el periodista de “The Wall Street Journal” quien planteaba la teoría de que la epidemia era menor al escándalo y la alarma política mediática desatada primero por el gobierno y luego por los medios, me lleva al punto de pensar de que el gobierno no tiene escapatoria de algún tipo de crítica: si reacciona bien, se le criticará, si reacciona tarde, también; si reacciona con mucho tiempo de anticipación, también. En esta ocasión critica que el gobierno armó demasiado escándalo y demasiada alarma por una epidemia que no merecía tanta atención. Pero de no haber reaccionado así, y de haber dejado pasar por alto la epidemia, la crítica sería igual. A veces no llego a entender de todo que es lo que los medios quieren del gobierno, pues sea bien o sea mal lo que se haga, siempre serán criticados, a veces sin un fundamento correcto. Y así pues, el fenómeno multi-funcional de la influenza deja toda una destella de elementos políticos, mediáticos, sociales, y hasta culturales dignos de analizar con calma y objetividad para así determinar el funcionamiento de las sociedades y su estrecha relación con los medios, así como muchas otras vertientes.

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