Beatriz Regado, artista

“No se den por vencidos, que el arte es una carrera larga de mucho esfuerzo. Sigan siempre sus instintos propios.”

Por más cliché que suene, el consejo que le da Beatriz Regado a pintores jóvenes no son únicamente palabras de aliento vacías. Su voz, como su cara, expresan emociones que refuerzan una frase que en papel suena tal vez un poco gastada. Pero el trayecto para convertirse en un artista nunca es el fácil, y aquellos que sae dedican a crear experiencias estéticas placenteras para los demás también parecen sufrir de una especie de sensibilidad mucho más aguda que la de cualquier persona común y corriente.

El camino de la Sra. Regado empezó en su juventud, y es por eso que su consejo lo dirigió principalmente a los jóvenes. “Desde joven tuve un interés muy peculiar por el arte y empecé a bocetar yo misma con lápiz y papel. Fue un poco antes de casarme y empezar una familia que empecé a pintar. Comencé con acuarela y regalando mis obras a conocidos en eventos especiales. Después de casarme fue difícil dedicarse por completo a la pintura, con una familia, y tuve que dividir mis tiempos. Por los tiempos que eran no había muchas galerías en donde exhibir, no había promoción para los artistas.“ El empezar una familia fue un obstáculo más para su carrera artística, pero la pintora no muestra ningún arrepentimiento. Para ella, su familia es “la base y la fortaleza de mi vida. Son lo más importante.”
Aunque se siente especialmente influenciada por Joan Miró, José Clemente Orozco, Rufino Tamayo, Sergio Hernández y Picasso, entre otros, la Sra. Regado sabe que no es únicamente lo que nos gusta lo que tiene una influencia sobre nosotros, e incluso, muchas veces es lo contrario: “Yo creo que todas las obras que he visto han contribuido en mi carrera, ya sea que me gusten o no , creo que tienen un impacto profundo en mi estilo aunque sea inconscientemente.”
Curiosa por saber más acerca de la persona detrás de algunas magníficas obras, quise preguntarle acerca de lo que hacía en su tiempo libre, tratando de ver si algo de ello se reflejaba en su obra. “El juego me gusta mucho: blackjack, bridge, poker. También me gusta mucho la cocina pero sobre todo pasar tiempo con mi familia.
Sus respuestas fueron tan ordinarias, sin embargo, que fue entonces cuando recordé que los artistas son personas comunes y corrientes, que no obstante tienen un talento para estampar torrentes de emociones en su obra que logran alcanzar a cientos de espectadores. Esto es algo que, obviamente, la Sra. Regado sabe bien. Al preguntarle si coleccionaba algún objeto, contestó que tendía a juntar “obras de arte que causaron algún impacto especifico en mi vida, pero luego las vendo, por lo que no lo considero como un coleccionismo como tal.” La respuesta me causó un poco de conflicto, pues no entendía por qué vendía sus obras, hasta que entendí que no era el objeto lo que importaba, sino lo que le había hecho sentir, y eso ya estaba indeleble en su persona. A pesar de esto, quería saber si había algún cuadro que no había vendido. “Mi autorretrato puesto que me acuerda a una etapa de mi vida donde todo iba bien y es un recuerdo a la juventud y al bienestar general.”
Años después, espero que este retrato hecho por una simple estudiante sea también considerado digno de ser guardado por alguien.

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