David Frost entrevista a Richard Nixon

por Carla Toscano

Hace casi 32 años David Frost, un periodista británico buscando redimirse ante el público americano, entrevistó por 12 días (no consecutivos) a Richard Nixon, expresidente estadounidense que a su vez buscaba ser absuelto de sus pecados mientras buscaba un segundo mandato en el poder. Los riesgos eran grandes para los dos, pues Frost no consiguió un patrocinador y por lo tanto tuvo que financiar y distribuír las entrevistas a nivel nacional por su cuenta; por su parte, Nixon podría cavar su tumba aún más profundamente.
Después de una adaptación teatral, el encuentro se recrea ahora en cine, con Martin Sheen como Frost y Frank Langella como Nixon. El valor de esta película, sin embargo, no es rememorar un evento trascendente como lo fueron esta serie de entrevistas, pues para hacer eso únicamente hay que buscar las cintas y volver a verlas. El peso de esta película recae, entonces, en el proceso que lleva hacer una entrevista, y en observar cómo tanto el entrevistador como el entrevistado tienen agendas particulares que tratan de imponer respectivamente, y la preparación que lleva el hacer algo de esta magnitud. El único motivo por el que Nixon aceptó ser entrevistado por Frost es porque, además de que le iban a pagar US$600,000, sus asesores consideraban al entrevistador como alguien que no podía hacerle mucho daño a la imagen del expresidente, y era su oportunidad para que el público se ablandara por fin hacia él. Sus asunciones se basaban en la entrevista que Frost le había hecho en 1968 a Nixon, que fue prácticamente propaganda, y en la carrera que iba cada vez más en picada del periodista.
Frost, por supuesto, buscaba obtener el respeto periodístico que sentía merecer, y las entrevistas que acabaron sumando casi 29 horas en total fueron transmitidas en cuatro programas de 90 minutos cada uno en mayo del 77, y atrayendo a una audiencia del mismo tamaño que la del programa más visto ese año, Happy Days (en donde, irónicamente, actuaba el director de esta película, Ron Howard).
Lo que más me llevo de esta película es la dificultad que involucra hacer una entrevista. Este caso es algo extremo, por supuesto, pero cualquier entrevista debe de llevar una gran investigación como trasfondo, además de que el entrevistador debe saber qué preguntas hacer y saber adaptarse a los momentos, pues siempre va a haber algo inesperado. Y cuando ya todo se ha hecho, al final sólo queda rememorar.

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