por Carla Toscano
Llevaba meses tratando de conseguir la entrevista y, francamente, ya me había dado por vencida. Tal vez me falta paciencia, y por lo mismo nunca llegaré a entrevistar a un personaje como Fidel Castro, del cual dicen es aún más difícil hacer que acepte a una charla. Sin embargo, un día, de la nada, llegó la llamada. No era él, por supuesto. Pablo nunca le hablaría a los periodistas. En cambio, era uno de sus guardaespaldas, supongo, el que me dijo que pasaría por mí el viernes por la tarde, y de ahí nos iríamos a Nápoles, una de las tantas fincas de Escobar.
Fue ahí cuando me di cuenta de lo que estaba a punto de hacer, y el miedo entró en mí. Por supuesto, era demasiado tarde para echarse atrás, y sólo me quedaba prepararme mentalmente para lo que venía, cualquiera que fuera eso. Dos guardaespaldas me siguieron en su camioneta en el trayecto de Medellín a Nápoles. Antes de subirme al auto, me pidieron dejar cualquier libreta y grabadora atrás, y yo, por supuesto, los obedecí. La entrada de la finca era una muestra apenas de lo que vendría: una avioneta reposaba encima del portal, y los rumores decían que con ella Pablo había mandado su primer cargamento de cocaína, hace varios años ya. Él lo negó, por supuesto.
La confianza la fui recuperando poco a poco, especialmente al ya estar adentro de la hacienda, con Pablo enfrente, y sin la amenaza de los enormes guardaespaldas junto a mí. Su semblante era amable, y siempre respetuoso, un poco pasado de peso, pero con el bigote recién cortado y bien peinado. No sabiendo por dónde empezar, le pregunté por los animales que abundaban en su hacienda: cientos de pájaros posaban enfrente de nosotros sobre un árbol, y había escuchado varias historias acerca de que tenía una cantidad enorme de animales exóticos por toda la finca. Me miró, y me dijo: “Por qué no damos un paseíco, ¿ah?” Fue ahí cuando empecé a conocer al Pablo que la gente amaba, el que se presentaba ante los medios como un empresario al que le interesaba la política únicamente como manera para ayudar al pueblo, y que negaba cualquier nexo con el narcotráfico. Escobar me fue contando cómo mandó a plantar todos y cada uno de los árboles y plantas que se encontraban en su hacienda, mientras manejaba una 4×4 descapotada. Me llevó a unos lagos en donde había hipopótamos e incluso, en uno de ellos, nadaba un delfín. A pesar de tener varios autos lujosos y tener al alcance de la mano cualquier cosa, Pablo Escobar se mostraba como alguien sencillo, y presumía que todo lo que compraba era hecho en Colombia. Pasamos por una pequeña plaza para torear, y Pablo quiso cambiar de tema a los deportes. Le pregunté si era un gran aficionado a la toreada. “Me gustan los toros, pero lo que más me gusta son los autos. De vez en cuando voy a correr al Autódromo de Bogotá con mi primo (Gustavo de Jesús Gaviria Rivero), en unos Renault 4, que son buenísimos. Se podría decir que en mi familia somos adictos a la velocidad. Mi hermano (Roberto Escobar) ama eso de las bicicletas, y por eso le regalé una fábrica (Bicicletas Ositto) en Manizales, para que haga lo que le gusta. Por lo mismo he donado plata para que los colombianos puedan ir al Tour de France.” La plática iba bien, y mi confianza llegó a tal punto, que hice la pregunta que hasta entonces había sido tabú: ¿Cómo hace para contrabandear cocaína? Sin dudar un segundo, respondió: “Las rutas de las avionetas tienen un precio, por supuesto. Ya hemos comprado varias. Pero lo mejor es entrar a la Florida un domingo o un día de fiesta, cuando el cielo está repleto de aviones. Así no lo puede detectar a uno ni el hijueputa…” “Cada avioneta y/o embarcación tiene un color que nos distingue: el mío es el amarillo, y los Ochoa tienen el azul.” ¿Tiene algún acuerdo con los cárteles para no pelearse mercados? “Claro, nadie quiere problemas. Como yo soy un hombre más de clima caliente, la mayor parte del negocio lo hago en la Florida y California. Los Ochoa se quedaron Nueva York.” ¿Y sólo distribuye en los USA? “Por supuesto que no, nena. Europa también es cliente, pero casi todo el negocio se lo llevan los gringos.” ¿Y qué otros negocios maneja usted, además de el de ayudar a la gente de Medellín? “Vendo cigarros.” (Escobar se refería al contrabando de cigarrillos Marlboro a Colombia. El volumen de contrabando anual de cigarrillos hacia Colombia se estimaba entonces en 186.9 millones de cajetillas.) ¿Cómo empezó la mafia en Medellín? Todo comenzó con Ramón Cachaco y de todos esos asaltantes de bancos de los años sesenta. Ellos fueron los primeros pistoleros. Muchos de ellos trabajaron para don Alfredo Gómez López, el hombre del Marlboro. A don Alfredo también tenés que entrevistarlo antes de que se te muera. Él vive ahora en Cartagena. Yo te doy una carta de recomendación para él. La mujer de Ramón Cachaco todavía vive en Medellín. Pero para hablar de Ramón Cachaco hay que contar que asaltaba bancos él solo, a punta de pistola, y que siempre usaba vestidos de paño verde y zapatos blancos, y que le gustaba montar en carros Ford y Chrysler de rines cromados.” La voz de Escobar se aceleraba con emoción al contar anécdotas que había escuchado de estos personajes. Sin embargo, Pablo quiso cambiar de tema a los deportes. Le pregunté por la plaza para torear que había en Nápoles. “Me gustan los toros, pero lo que más me gusta son los autos. De vez en cuando voy a correr al Autódromo de Bogotá con mi primo (Gustavo de Jesús Gaviria Rivero), en unos Renault 4, que son buenísimos. Se podría decir que en mi familia somos adictos a la velocidad. Mi hermano (Roberto Escobar) ama eso de las bicicletas, y por eso le regalé una fábrica (Bicicletas Ositto) en Manizales, para que haga lo que le gusta. Por lo mismo he donado plata para que los colombianos puedan ir al Tour de France.” Para ese entonces ya era tarde, y regresamos a la hacienda. Pablo siempre se dormía tarde, pero dijo que esta vez haría una excepción. Me pidió que me quedara, y le dije que tenía que regresar, pues mi vuelo salía temprano al día siguiente. “Está bien, pero más le vale que regrese pronto”. Nunca lo volví a ver.
3 respuestas hasta el momento ↓
vanessa // Abril 16, 2009 a 11:58 pm |
Hola carla espero estes muy bien, te felicito por redactar esa anecdota buena que tuviste con Pablo Escobar.
hector saavedra // Agosto 12, 2009 a 4:29 am |
PABLO ESCOBAR
pablo emilo escobar murillo // Octubre 5, 2009 a 3:45 am |
hola como estas espero que bien oye te agradesco por mostrar a mi padre como alguien bueno realmente lo fue y no importa lo que digan de el y no importa lo que haya hecho
att pablo emilio escobar murillo